Rivalidades fraternales

Rivalidades fraternales

Francia-Italia: ¿nobleza y emoción contenida o pasión extrovertida?

I

François Couperin(1668-1737)
Le parnasse ou l’apothéose de Corelli. Paris, 1724.

Georg Muffat (1653–1704)
Discípulo de Lully y “Les violon du Roy”
Sonata para violín y continuo (1677)
Adagio – Allegro – Adagio – Allegro – Adagio

Arcangelo Corelli (1653–1713)
“L’arte  di Arcomelo Erimanteo, maestro famosissimo de violino”
Sonata para violín y continuo Op.V nº3 (1700)
Adagio – Allegro – Adagio – Allegro – Allegro

II

François Couperin
Encuentro de Lully con Corelli, la paz del Parnaso.
L’ apothéose de Lully
Concert instrumental sous le titre d’apothéose compose à la mémoire immortelle de l’incomparable Monsieur de lully. Paris, 1725.


François Fernandez y Antonio Almela, violines

Xurxo Varela, viola da gamba

Ignasi Jordá, clave


Notas

Fraternales rivalidades, dos naciones enfrentadas, dos idiomas, dos caracteres, dos temperamentos, dos culturas, dos maneras de interpretar para mover los afectos, dos estilos para remover las pasiones.  La música barroca nació en Italia, Francia reaccionó.

Pensemos en las diferencias de carácter de un italiano y las de un francés, no hemos cambiado tanto en 300 años, podemos generalizar, esto lo leerá poca gente. Los italianos, tan dados a expresar abiertamente sus emociones y de qué manera, el movimiento de sus manos al hablar, la entonación de sus palabras en su discurso, así como el volumen empleado en el mismo, altamente explosivos y temperamentales. Los franceses, tan contenidos, discretos, suuuuupercorrectos, tan preocupados por las formas, el ritmo de sus palabras tan particular y cadencioso, su cuidada manera de moverse. Partiendo de aquí entenderemos perfectamente que un lenguaje como la música no fuera ajeno a las mentalidades opuestas de ambos países así que la música barroca era o música italiana o francesa y las diferencias entre las dos eran tan grandes que los unos despreciaban a los otros y los compositores de otros países como Alemania, Inglaterra o España tenían que decidir a qué estilo dar preferencia. Habría que esperar hasta el s.XVIII para llegar a una fusión de ambos estilos que en un principio parecía imposible y que vino a llamarse “Gustos reunidos”

La sonoridad de la cuerda dominaba la música instrumental italiana soñando que podría llegar a imitar la voz humana. Abundantes y vertiginosas ornamentaciones improvisadas por virtuosos instrumentistas recargaban de emociones intensas las repeticiones de los Adagios. Esto contrastaba con la forma de escritura francesa, concisa en las formas, movimientos de danza liberados, de su primera condición para ser adaptados a la suite meramente instrumental, con sus piezas instrumentales de carácter, las “piéces”, sencillas en su concepción y al mismo tiempo cuidadas maravillosamente en el detalle. La improvisación libre no existe, un catálogo de innumerables pequeños adornos debían ejecutarse escrupulosamente en los lugares apropiados.

Georg MUFFAT (1653–1704) Estudió en Paris con el grandísimo Jean Baptiste Lully que llevó la música francesa a su forma definitiva como alternativa a la música italiana. Más tarde, apoyado por Leopoldo I entró en la corte de Viena, (claro defensor del estilo italiano) y se fue a Salzburgo como compositor de la corte del arzobispo que lo envió a Italia para que siguiera perfeccionándose. Muffat, “El primer Lullista de Alemania” como gustaba llamarse, nos indica en los prefacios de sus obras los detalles acerca del estilo y la interpretación. Dos ejemplos: En sus Concerti grossi a la manera de Corelli nos cuenta  “…pues me he aplicado a moderar los hondos afectos italianos con la diversión y la dulzura francesa de tal modo que aquél no destaque por demasiado oscuro, ni éste por demasiado libre”. Y en la dedicatoria de su Florilegium Primum escribe: “….Son las notas, las páginas, los sonidos dulces de la música los que ocupan mi quehacer, y ya que mezclo el estilo francés con el de los alemanes e italianos, no incito a la guerra, sino que más bien quizás a la deseada armonía entre los pueblos y preludio la querida paz…” La sonata para violín y continuo que escucharemos hoy es del año 1677, compuesta en Praga antes de viajar a Italia.

Arcangelo Corelli (1653-1713) Nace en Fusignano (Italia) en el seno de una de las familias más importantes de la ciudad. Desde la infancia estudia violín en su ciudad natal. En 1666 se establece en Bolonia, donde estudia con Giovanni Benvenutti y Leonardo Brugnoli. En 1670 es ya miembro de la Academia Filarmónica de aquella ciudad. Cinco años más tarde se establece en Roma, que se convertirá en su ciudad de residencia hasta su muerte. En Roma alcanzará una extraordinaria fama como violinista, a la vez que perfecciona su técnica compositiva. En 1681 dirige las orquestas de los principales nobles romanos: cardenal Benedetto Pamphili, cardenal Pietro Ottoboni, aunque su mayor esplendor lo alcanza bajo el patronazgo de la reina Cristina de Suecia. En 1684 ingresa en la Congregazione dei Virtuosi de S. Cecilia, el mismo año que lo hacía Alessandro Scarlatti. Allí adopta el nombre de Arcomelo Erimanteo. Para 1700, Corelli era ya primer violinista y director de conciertos del Palacio de la Cancillería. Su fama era tal, que en 1706 ingresó en la Academia de la Arcadia, una altísima distinción en esa época, donde conoció a Domenico Scarlatti. Dos años después conocerá a Händel. Sus obras han sido un referente fundamental en la historia de la música y fueron las más reeditadas del siglo XVIII (Hasta la aparición de J. Haydn), la Opus V, a la que pertenece La sonata nº3 para violín y continuo programada, fue la más popular de todas: ¡Se conocen casi 50 ediciones!

François Couperin (1688-1733) Miembro de la más ilustre dinastía francesa de músicos y uno de los pilares junto con Jean-Philippe Rameau, de la música barroca francesa admiraba profundamente a Corelli y publicó sus primeras triosonatas bajo un seudónimo italiano. Él mismo nos explica su artimaña en su Confesión del autor al público (1726): «Yo quería componer sonatas. Estaba encantado con las del Signor Corelli. Amaré sus obras mientras viva tanto como amo las obras francesas de M. Lully. Había escrito unas cuantas y estaba en una encrucijada porque sabía de la desconfianza de los franceses por las novedades musicales extranjeras. Entonces, fabulé una historia. Hice correr el rumor de que un pariente mío, al servicio del rey de Cerdeña, me había enviado una sonata para trío de Francesco Pernucio, un joven y muy talentoso compositor italiano. Tocamos en público la obra de Pernucio y fue escuchada con avidez. Aquellos que no estuvieron en la ocasión me hicieron llegar sus pedidos solicitándome la partitura. Escribí algunas más hasta que, por fin, decidí terminar con la falsedad y mi propio nombre y apellido suplantaron al de Francesco Pernucio. Nadie se había dado cuenta de que el seudónimo provenía de una traducción y un juego de letras de mis propios nombres».

En su afán de reunir la diversidad de caracteres del gusto italiano y del gusto francés compone “Les Gôuts réunis” y nos explica en su prefacio: “El gusto italiano y el gusto francés han compartido durante mucho tiempo la República de la Música; por mi parte, siempre he estimado las cosas que lo merecían, sin distinción de autor ni de nación, y las primeras sonatas que aparecieron en París hace más de treinta años y que me motivaron inmediatamente a componer, no hicieron ningún daño a mi espíritu, ni a las obras del señor Lully, ni a las de mis ancestros, que siempre serán más admirables que imitables”

En el Concierto instrumental bajo el título de Apoteosis compuesto para la inmortal memoria del incomparable señor Lully, publicado en París en 1725, cada uno de los movimientos está provisto de un subtítulo evocador y sugerente.

José Fernández Vera

Prensa

ENRIQUE BONMATÍ LIMORTE, Revista Ritmo, Julio 2012.

…François Fernández, catedrático de violín barroco del Conservatorio Superior Nacional de París, en la Sonata para violín y continuo, de Georg Muffat, mostró las cualidades por las que es internacionalmente apreciado en este repertorio. En la Sonata para violín y continuo, de Arcangelo Corelli, fue Antonio Almela quien mostró su buen hacer. Y, en la selección de la Apothéose de Lully, para dos violines y continuo, de François Couperin, ambos violinistas tocaron con clase. Con la atinadísima colaboración, en el continuo, de Xurxo Varela, viola da gamba, y de Ignasi Jordá, clave.